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La historia de Mahashta Murasi, originario de una población ubicada en el norte de la India, es realmente sorprendente, pues afirma tener casi 180 años de edad.

'La muerte se olvidó de mí’, comenta el hombre, que según cuenta es un ex zapatero nacido en 1835. De acuerdo a lo divulgado por World New Daily Report, existen documentos que avalan la edad de Murasi. En concreto un acta de nacimiento y documento de identificación.

Sin embargo, lo que a Murasi le interesa no es que le crean o no su edad, sino poder morir. El anciano indica que ha visto morir a sus hijos y nietos, por lo que ya no tiene deseos de seguir viviendo.

'Nadie muere con más de 150 años y estoy a punto de llegar a los 180. Creo que soy inmortal', expresa  Mahashta Murasi, quien se convertiría en el hombre más longevo del mundo si se corroborase su fecha de nacimiento.

1.- Los ciempiés no tienen 100 patas
Parece ser que nunca ha aparecido un ejemplar que tenga ese número exacto. De hecho, la cantidad de patas varía entre 15 y 191 pares.


2.- No hay tres estados de la materia
Todos aprendimos en la escuela aquello de sólido, líquido y gaseoso. Pero tiraron nuestro aprendizaje a la basura cuando los científicos descubrieron un cuarto: el plasma. En la actualidad, hay 15 estados, sumando a los ya conocidos otros de nombre rimbombante, como perfil de ionosfera, condensado de Bose-Einstein… aunque algunos de ellos sólo se han detectado en condiciones experimentales extremas.


3.- ¿Amadeus Mozart?
Mozart no se llamaba Amadeus. Su auténtico nombre era Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. ¿De dónde viene lo de Amadeus? Un príncipe prusiano quedó tan impresionado por la música del joven compositor que lo rebautizó como Wolfgang Gottlieb (vocablo alemán que significa “amado por Dios”). A Mozart le pareció una cursilería, y se burlaba de la anécdota en cartas escritas a sus amigos: “Ahora tendréis que llamarme Wolfgang Amadeus”, traducción latina de la palabra germana.


4.- Marte es no rojo
Pues no. Podría ser marrón, naranja o amarillo, porque realmente aún desconocemos el auténtico color de su superficie. Lo que sí se sabe es que el aspecto rojizo que presenta al verlo por el telescopio se debe a la acumulación de polvo en su atmósfera.


5.- Graham Bell no inventó el teléfono
En realidad quien lo inventó fue el italiano Antonio Meucci quien lo inventó en 1849 y en 1855 instaló un dispositivo de telecomunicaciones entre el sótano y el cuarto de su casa de Nueva York. En 1871 presentó una solicitud de patente, pe
ro la perdió al no poder pagarla. Finalmente, Bell perfeccionó el invento y lo patentó.


6.- El champán es no francés
Es alemán. Aunque se atribuye su invención al monje francés Dom Perignon, lo cierto es que un siglo antes los burgundios, un pueblo germano, ya conocían esta bebida. Fueron ellos quienes la llevaron a Francia. Eso sí, a fray Perignon le corresponde el mérito de haberla refinado.


7.- Tenemos menos cerebro que una hormiga…
Si lo medimos en relación con nuestros respectivos tamaños. Su cerebro sólo pesa 0.3 mg, pero representa casi 6% de su peso total, mientras que el humano, aunque ronda los dos kilos, equivale a 2% del total.


8.- El Everest no es la montaña más alta del mundo
La mítica cima tibetana mide 8,848 metros. Poco, si lo comparamos con el Mauna Kea, un volcán hawaiano que emerge en medio del Pacífico. Sobre el nivel del mar sobresalen 4,205 m, pero la mayor parte de su estructura (6,000 m) se oculta bajo el agua. Por eso, su altura total medida desde su base submarina es de 10,205 m.


9.- En el vudú no se usan muñecos con alfileres
Esa práctica pertenece a la brujería europea. En la antigua Grecia, los magos utilizaban unos amuletos con forma humana llamados kolossoi. La costumbre de clavar en ellos alfileres para maldecir a sus víctimas la comenzaron las brujas medievales, si hacemos caso a lo narrado por el rey Jaime I de Inglaterra en su obra Demonología (1603).


10.- Los toros no se excitan al ver el color rojo
De hecho, ni siquiera pueden distinguirlo, ya que estos animales son daltónicos y sólo son capaces de diferenciar el blanco, el negro y algunos tonos de gris. Por eso, daría igual de qué color fuera el capote del matador, porque lo que realmente enfurece al animal son los movimientos que el torero realiza con dicha capa.